Kritika_mente es el blog donde comparto mis reflexiones sobre la intersección entre la psicología y la política🌱
Kritika_mente es el blog donde comparto mis reflexiones sobre la intersección entre la psicología y la política🌱
Violencia simbólica, agencia en el consentimiento y la posibilidad de recuperar la seguridad y confianza
Reflexiones sobre el rol de la reparación, la educación sexual y el anti-punitivismo como intervención feminista. En proceso.
La desafortunada historia de cómo estudiar psicología reprodujo la hegemonía
El cuidado de nuestra salud mental está radicalmente afectado por nuestras condiciones socio-económicas. Obviar las condiciones de clase, raza o género del discurso entorno a la salud mental como si no fueran centrales en nuestra experiencia del mundo es ignorar desde el privilegio la condición humana como estrictamente entrelazada con su entorno. Es fundamental reconocer desde qué lugares se generan las teorías de conocimiento, los enfoques y la patologización para ubicar a quién sirve y de qué manera perpetúa y reproduce (o al contrario, desafía y disrumpe) el estado de las cosas.
El modelo en el que se fundamenta la educacion superior de psicología en España parte de unos pretextos que provienen de las instituciones biomédicas estadounidenses, que resultan mínimo insuficientes para acompañar el sufrimiento humano, máximo peligrosas porque perpetúan enfoques reduccionistas, patologizantes y deshumanizantes sin contemplar la violencia que pueden ejercer las instituciones de la salud mental.
Existen varios fetiches en la educación de la psicología en el estado español (que es de la que hablo porque es la que conozco de primera mano, lo cual no significa que no sea el modelo de otros muchos contextos). Una de las principales es la constante lucha por parte de los profesores, las universidades y los temarios oficiales para ser considerada una disciplina "científica", "basada en la evidencia", "médica" y "sanitaria". Desde ahí, se coloca a la psicología como necesariamente más legítima si entra en estos marcos, no reconociendo la investigación científica dentro de unas instituciones con unos intereses que reciben financiación para ciertos proyectos, como si la investigación y la medicina fuesen neutrales, y solo útil cuando se centraliza el cerebro, la cognición y la conducta, lo cual deja completamente fuera cuestiones de sentido, espiritualidad, e historias y malestares colectivos.
Así, mientras la terapia cognitivo-conductual es principalmente la única que se valora en la educación superior (y también la que recibe financiación desde la instituciones publicas y los fondos de financiación), otras corrientes como las humanistas, sistémicas, somáticas, narrativas, psicoanalíticas o transpersonales no tienen cabida, ni reconocimiento, y qué decir de los discursos de la psicología de la liberación, la psicología decolonial y la antipsiquiatría, que ni siquiera se mencionan en ninguna materia a lo largo de cinco años y medio de formación superior. Los paradigmas generados fuera de Occidente, y los disciplinas de las ciencias sociales como la filosofía, la política, la historia, la sociología, la economía, o la antropología, no tienen lugar en los estudios de la salud mental. Qué vacío.
Otra cuestión fundamentalmente injusta y que sirve a un sistema que mantiene el estado de la psicología intacto en el estado español, es la estructura en sí del currículum formativo. Cuando un estudiante acaba los cuatro años de grado, no está legalmente reconocido como psicólogo que puede acompañar en terapia, y así se corrobora por ley. Durante los cuatro años de grado no se forma a los estudiantes con unas bases que les permitan acompañar el sufrimiento y lo que ello implica: no se tiene acceso a la practica con casos reales, no se trabaja la supervisión, el cuidado personal como terapeuta, cuestiones de transferencia y contratransferencia... Se aprende a diagnosticar, una y otra vez, según el DSM más actualizado (que cambian sus criterios cada par de años), y a reforzar los dogmas de la disciplina institucional: "basado en la evidencia", "etiquetas diagnósticas", "pasar tests para primero evaluar, luego diagnosticar y después tratar con TCC". No hay espacio para entender las vivencias humanas desde fuera de sus marcos.
Sin embargo, la formación requerida para ejercer legalmente no es más que una continuación del mismo currículum, sin rastro de una mirada amplia, crítica y situada en el ámbito de la salud mental. Se trata, de hecho, de un máster habilitante obligatorio para el que hay apenas 30 o 40 plazas en las universidades públicas, y que cuesta entre 8.000€ y 15.000€ euros en las universidades privadas. El enfoque, una elevación al cuadrado del contenido del grado, con asignaturas como "Fundamentos Científicos y Profesionales de la Psicología Sanitaria".
Un ejemplo concreto de cómo el currículum perpetúa el sistema hegemónico sin cuestionarlo es la materia de la asignatura "Intervención en Problemas de Pareja y Principales Disfunciones": tras aprender sobre la "teoría del bienestar subjetivo", la cual afirma que "uno de los mayores predictores del bienestar subjetivo es tener una pareja estable", pasamos a estudiar "las diferencias entre hombres y mujeres a la hora de la elección de pareja: los hombres se fijan en el físico, que sea una mujer joven, con cuerpo en forma de reloj de arena, y que les dé atención, mientras que las mujeres de fijan en la formalidad, el estatus, que sea buen proveedor de recursos, la fidelidad y la personalidad". Que alguien me diga que esto que tuve que estudiar para mis examenes no está plagado de ideología. Al menos, en el máster sí que tratamos con personas en consulta, con supervisión, y foco sobre las habilidades terapéuticas.
Sin embargo, ¿quién se beneficia de esta formación de posgrado inaccesible? A raíz del esfuerzo que supone este máster, mi sensación es que muchos jóvenes se aferran al modelo institucional para reconocer su formación, perpetuando las narrativas aprendidas en el máster, tratando ciertas técnicas como la Biblia por su carácter "científico" (análisis funcional de la conducta, tests psicométricos de evaluación, el DSM-5...), centrando el acompañamiento en la técnica por encima del carácter humano, y cómodos con el modelo privatizado de la salud mental en el que solo aquel que puede permitirse pagar, o esperar las colas de la pública, tiene derecho a acompañamiento psicológico. Tras el esfuerzo realizado, cada uno de los miles de estudiantes que se gradúan cada año repiten los mantras de las instituciones, lo cual sirve como herramienta perfecta de reproducción del paradigma.
Lo mismo ocurre con la formación para ejercer en el sector público de los estudiantes del PIR, para lo cuál la formación sigue los mismos marcos pero durante un periodo más prolongado y tedioso, lo cual refuerza aún más que estos paradigmas sean sagrados y rígidos entre los profesionales de los servicios públicos de salud mental.
Para finalizar en una nota propositiva, querría invitaros a acercaros a los movimientos, autores y propuestas de la antipsiquiatría y la psicología de la liberación, y a cualquier escuela que contemple los ejes de la colonialidad y el modelo de producción capitalista como fundamentales en la generación y reproducción de conocimiento. Para empezar con un recurso accesible, os invito a curiosear los contenidos de Laboratorio Afectivo, que ha sido una proyecto de inspiración para mí durante todos mis años de formación. Gracias por leer, cuestionar y honrar la complejidad de la experiencia humana.
¿Comentarios, dudas, críticas? Ponte en contacto conmigo, me encantaría oír tu visión.
Adolescencias, control de los cuerpos y normatividad
A menudo, los espacios familiares y educativos, formales y no-formales, funcionan como dispositivos de control en los que se representan relaciones de poder. Les niñes y adolescentes son en estos casos entendidos más como objetos que como sujetos, que deben cumplir con los mandatos que se aplican sobre sus cuerpos y sus tiempos sin contemplar el consentimiento y sin cuestionar la autoridad. Esto se da en una etapa clave en el desarrollo de su autonomía, interocepción, autoconocimiento y autoestima. La falta de contacto con (y la poca credibilidad a) sus propias necesidades, deseos, cuerpos, estados emocionales y opiniones les aleja de sí mismes, lo que con el tiempo les convierte en individuos y colectivos poco sensibles a sus propios sentires y sensaciones, y muy vulnerables a la presión externa, a no validar y expresar sus experiencias con honestidad, y a malestares presentes y futuros relacionados con no atender sus necesidades.
Estas dinámicas se vuelven mucho más dañinas en personas que se salen de la norma, y cuyas necesidades ni siquiera son vistas y reconocidas, incluso por elles mismes. Me refiero a aquellas personas que pasan su infancia y sobre todo su adolescencia sobreestimuladas, agotadas y desreguladas, muchas veces sin ni quiera percibirlo ni saber ponerle nombre desde la rigidez de sus contextos. Sus vidas están marcadas por un sistema que les es ajeno y asfixiante, por lo que muchos adolescentes viven en piloto automático, con impotencia y sin agencia sobre sus cuerpos: duermen sistemáticamente menos de lo que necesitan, se sienten incómodes sin poder moverse a otros espacios, e intentan encajar en moldes alienantes. Nombrar esto, desde la diferencia y los márgenes, resulta casi imposible para estas personas que simplemente se sentirán "raras", incómodas e incomprendidas, con lo que ello implica sobre su autopercepción, autoestima y autocuidado.
Propongo humanizar las infancias y adolescencias: reconocerles como sujetos, agentes y merecedores de cuidados; su autonomía, necesidades, ritmos, e individualidades importan. Los espacios de los menores funcionan como dispositivos de poder que replican y practican lo que potencialmente serán sus espacios laborales, familiares y sociales futuros. Al integrar el no cuestionar a la autoridad como lo moralmente correcto, les estamos arrebatando su mayor herramienta de autocuidado y transformación colectiva: la autoescucha y el contacto consigo mismes, afectando especialmente a aquellos que menos se asimilan con la norma. Es hora de responsabilizarnos: atrevernos a escuchar sus voces, y descubrir qué pasaría si les devolviéramos lo que siempre debió ser suyo.
¿Comentarios, dudas, críticas? Ponte en contacto conmigo, me gustaría oír tu visión.
¿Qué tal una breve videollamada gratuita para conocernos y que veas si encajamos?